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ISSN 1989-4163

NUMERO 11 - MARZO 2010

 

Contar por la Vía de Servicio

Ramón Pedregal Casanova

Título: El silencio. Autora: María Ángeles Cabré. Editorial Caballo de Troya. 156 páginas. 2008. 12€.

Edgar A. Poe explica en “Filosofía de la composición” la proximidad entre el cuento y la poesía, además afirma que el amor y la muerte son temas preferidos para la literatura. Y, haciendo referencia a su poema “El cuervo”, explica su método de trabajo y por qué su personaje “el cuervo” pronuncia una y otra vez “Nunca más”, toda una sentencia.

En “El silencio”, novela de cortas dimensiones de María Ángeles Cabré, descripción y narración se penetran mutuamente dando un paseo a través de lo que no se dice, parece un recorrido por la vía de servicio del amor y de la muerte, recorre el “nunca más”, ese lado que en ocasiones no tiene forma de expresión verbal. Recorrer la vida por el lado del silencio tiene una particularidad, se hace sin dramatizaciones ni aspavientos, y se ve todo lo que tienen de clímax el amor y la muerte de forma más tranquila, sin aglomeraciones de gente que se considera próxima, generadoras de tensión poco útil; aquí se trata el clímax como anticlímax.

En “El silencio” María Ángeles Cabré ha dejado secar o quizás escurrir toda el agua inútil de la vida de una mujer que conoce a tres hombres en su vida y debe seguir adelante.

Poe, siglo XIX, habría descrito el terror del amor y la muerte unidos, habría dejado salir el espanto ante los ojos del lector. Aquí, en “El silencio” todo fluye y permanece, todo se borra pero es porque cala, no hay nada tratado como extraordinario porque la voz de nuestra época es la de la intimidad engastada de dolor, pero mostrando apariencia de invisibilidad, de arboleda serena, de paseo contemplativo, y sin embargo emergiendo siempre sin que nadie lo note.

La historia de María Ángeles Cabré busca un lector con el que tratar lo que ocurre en nosotros tras cada crimen que nos comete la vida, y éste lo leerá como si se le contase en un viaje circulando por la vía de servicio, o como si estuviese sentado en un área de descanso concentrado en los incidentes que le llegan sin acaloramientos, y conforme los sienta pasar la mirada se le endurecerá, al tiempo que se le anima buscando el horizonte, ese mismo en el que siguen agitándose la vida y la muerte.

La tercera persona mantiene la distancia en lo contado, pero se adentra en la repetición del subconsciente, en los detalles se percibe la emoción, en la contención se perciben los puntos álgidos de la existencia, que una vez remiten la escritura remonta silencio sobre silencio ganando espacio y oxígeno con palabras tranquilas para seguir viviendo. El revés de la trama superado el siglo de Poe.

 
 

El Silencio

 

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